¿Es esto lo que gente seria merece?

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¿Es esto lo que gente seria merece?


  • May 19, 2014
  •  

  • 2 min read

Hace ya dos años que un grupo de lacras planificaron y ejecutaron una acción de sicariato contra el talentoso y honorable colega generacional, el abogado Jordi Veras.

Si no es un milagro que con dos disparos a quemarropa y a la cabeza todavía lo esté contando, no sé qué puede serlo. Personalmente, a través de su cuenta de Twitter, he comprobado que Jordi es un hombre de FE, no me cabe duda de que ello lo salvó.

Más allá de sus méritos personales, Jordi tiene el bagaje genético de su padre, Porfirio Veras (Negro), un hombre cuyas acciones lo colocan como una especie en extinción, pues a su edad y con tantas opciones y oportunidades de tomar el camino de la desvergüenza, ha permanecido de cara al sol… a diferencia de muchos.

Nunca he cruzado palabras ni con Jordi ni con su padre, y desde mi autoexilio me encuentro más lejos que nunca de hacerlo, pero siento la imperiosa necesidad de, viendo lo que experimentan, redactar estas líneas.

El proceso de descomposición social de la tierra que me vio nacer camina a pasos agigantados, he repetido esto una y mil veces, y como siempre sucede, todo va al saco del olvido.

La justicia dominicana no es la excepción, y la prueba más evidente es que a dos años del atentado criminal, aún las víctimas tengan que estar solicitando permanentemente que se haga justicia; y más aún, vigilando el proceso, pues si de algo no hay dudas, es que al menor descuido se posterga o empantana el mismo.

¿Cómo es posible que los papeles se inviertan? ¿Cuántos incidentes, cuántas triquiñuelas, cuántas veces más tendrá que ir al baño o a comer la barra de la defensa? ¿Acaso existe algún ápice de duda sobre qué, quién, cuándo y cómo se planificó el crimen?

No se trata simplemente del trauma que pueda haber producido el hecho criminal en su víctima y los familiares, sino que lo vergonzoso es que a gente que forma parte de la estirpe más pura de la nación, gente que luchó y lucha por un Estado de derecho, se le obligue a asumir el papel de vigilante de sus propios derechos, ¡qué ironía!

¿Qué más queda por denigrar?

Frente a estas intentonas de denegación de justicia, en una comunidad que se respete y por respeto a los agraviados y su trayectoria, en cada audiencia, deberían estar sentados, en señal de solidaridad y apoyo, los representantes de las iglesias, clubes, juntas de vecinos, historiadores, académicos, etc.; en fin, todo aquel que diga estar luchando por preservar los valores de la sociedad.

Complace sin duda ver muy involucrado al ministerio público.

Jordi no está solo, pero hay que hacerlo saber contundentemente para que la justicia actúe como debe ser: rápido y con firmeza.

Me viene a la cabeza la frase de Cicerón: “El propósito de la justicia es dar a cada quien lo debido” y ante tanta dilación, asalta la indignación, pues ¿Es esto lo que gente seria merece?

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