El negocio de la notaría en República Dominicana

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El negocio de la notaría en República Dominicana


  • Apr 10, 2014
  •  

  • 3 min read

El Colegio de Notarios de la República Dominicana constituye una especie de cenicienta no obstante que es el garante de los negocios públicos y privados, sin embargo es el ejercicio profesional menos remunerado y de menor oportunidad, debido a que el 95% de los contratos que produce el Gobierno y las instituciones descentralizadas y autónomas se quedan en manos del 5% del notariado nacional, lo que constituye una injusticia frente a la mayoría de los notarios y notarias que como oficiales públicos se ven limitados en su ejercicio a pesar del mandato de la Ley 89-05 que ordena en su artículo 11 la creación de un reglamento para regular la asignación de trabajo de forma equitativa entre todos los notarios.

Preocupado por la calidad de vida de la clase notarial me he hecho dos preguntas: a) ¿Qué, quién, quienes han impedido que se elabore este reglamento? b) ¿Quiénes se están beneficiando de la ausencia de este reglamento? Para que tengáis una idea del por qué de nuestra inquietud, el Gobierno y las instituciones autónomas y descentralizada elaboran miles de contratos, generando cientos de millones de pesos que se están quedando en los bolsillos de un reducido grupo de notarios privilegiados, mientras la gran mayoría languidece por falta de ejercicio y seguimos preguntándonos ¿Por qué el Colegio Notarios, nueve años después no ha formulado este reglamento? Las razones quisiéramos que los actuales directivos del referido gremio nos las expliquen.

Estos privilegios secuestrados en base a componenda son irritantes, indignantes y éticamente inaceptables, pues la práctica abusiva de asignar el 95% de los contratos que produce el Gobierno y las instituciones descentralizadas y autónomas al 5% de los notarios ha generado un descalabro económico en la clase notarial, llevando a la mayoría a una situación de prácticamente indigencia, teniendo que pulular de instituciones en instituciones procurando conseguir algún funcionario relacionado que le ofrezca una oportunidad de trabajar, situación ésta que desapareciera si la directiva del Colegios de Notarios actuara como manda la Ley 89-05.

De lo anterior se puede inferir que el incumplimiento de la Ley por inacción de la actual directiva es lo que genera los privilegios de un grupo y el abuso que esa inobservancia implica para los miles de notarios y notarias que sufren directamente la consecuencia de la referida negligencia.

La ley lo establece y la clase notarial necesita que se elabore esa herramienta generadora de equidad, de ética para un digno ejercicio profesional, es decir que de nada a valido el mandato del legislador para dotar al notariado nacional del referido instrumento legal. Y no descanso de preguntarme: ¿Qué ha impedido que la directiva actual del Colegio de Notarios haya elaborado el referido reglamento? ¿Por qué no lo ha hecho? ¿cuáles son las excusas para que el notariado nacional no tenga a su disposición ese reglamento que serviría como base económica, y por vía de consecuencia garantiza a las partes más trasparencia, más ética, en el desempeño de sus funciones?

La falta de este reglamento es una catástrofe económica. A manera de ejemplo y como dice la vieja frase: “Para muestra basta un botón”, solo recuerden lo que sucedió en la Cooperativa de Maestros, en donde tres notarios ganaron por sus ejercicio más de 25 millones de pesos; esto es solo un ejemplo de los tantos casos que se generan en las instituciones del Estado sin que el Colegio Dominicano de Notarios por razones inexplicables, por dejadez, apatía y por qué no decir componendas, simplemente porque la actual directiva no ha querido cumplir con el mandato de la Ley 89-05 y su artículo 11.

Si se elaborara el reglamento como establece la ley posiblemente al notariado nacional le bastaría con el ejercicio su ministerio, para cubrir sus necesidades personales y familiares dignamente, pero la falta de éste prácticamente tiene a la clase notarial a merced de migajas y por lo tanto se desmerita uno de los ejercicios más noble de la humanidad, simplemente por la falta de un reglamento, contribuyendo así con la creación de una gran brecha de ingresos económicos entre los privilegiados y marginados, provocando desigualdad social y exclusión en la clase notarial. Pero la luz y las tinieblas no pueden conciliarse entre sí, por eso se ha dicho que “entre el error y la verdad siempre habrá un conflicto inevitable”, es decir que defender uno de ellos es vencer al otro.

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